Y llega un día en el que te encuentras a esa persona, la ves, la miras y piensas... "joder, lo que daría yo por poder compartir mi vida a su lado..." o "ojalá yo fuera la razón de su sonrisa". Y sí, durante esos segundos o minutos vives en las nubes, en tu mente, en la felicidad, en como sería todo sí...
Claro como sería todo "si"... ese sí que nos mata. Ese sí que nos hace ver que el reencuentro simplemente es una despedida más y que será así siempre, todos y cada uno de los días de tu vida. Te callas, aguantas, sonríes y haces que todo está bien, tratas al mundo como si nada, como si fueras la más feliz del mundo, cuando, en realidad, eres una persona infeliz más.
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