Sabes que la vida te va bien cuando tienes una razón por la
que levantarte cada amanecer, cuando tienes una meta por la que luchar, cuando
tienes un hombro verdadero sobre el que apoyarte, cuando alguien te sorprende
con un detalle o cuando tienes motivos para sonreír.
Y aquí, en estas pequeñas e insignificantes cosas radica la
felicidad. No hacen falta grandes fortunas, grandes lujos ni grandes cosas para
ser feliz; la felicidad consiste en estar rodeada de personas a las que
quieres, de tus amigos, de tu familia. Consiste en valorar cada segundo de tu
vida, en los planes inesperados, en las risas infinitas hasta que duele la
mandíbula, en los mensajes inesperados, los reencuentros que llevabas esperando
tanto tiempo o escuchar tu canción favorita al encender la radio. Pequeñas
cosas que no se valoran, cosas que ocurren y que pasan delante de nosotros cada
día…
Pero claro, nos pasamos la vida pidiendo una gran y lujosa
vivienda, un cochazo de lujo, un móvil de última generación o una televisión en
3D… nos pasamos la vida valorando únicamente las cosas materiales, sufriendo
envidia por lo que los demás tienen y amargados por no tener el dinero
suficiente con el que comprar cuatro caprichos y no nos damos cuenta de que
quizá somos más ricos y más felices que aquel que posee más dinero en su
bolsillo.
Y ahora… ¡párate a pensar! ¿Acaso no tienes amigos con los
que reír y hacer locuras?, ¿acaso no esperas reencontrarte con alguien que no
ves en mucho tiempo?, ¿acaso no tienes una familia con la que vivir momentos
únicos?, ¿no tienes esa película favorita con la que te emocionas cada vez que
la ves?, ¿no tienes motivos por los que SER FELIZ?...
Valoremos todos, un poquito más, lo que tenemos cada día a
nuestro alrededor, a quién se preocupa por nosotros y las cosas que nos sacan
una sonrisa y vivamos segundo a segundo sin importar si alguien tiene más ropa
que tú, un ordenador mejor que el tuyo o más dinero en el bolsillo y… ¡SEAMOS
FELICES!.