Y entonces sientes miedo. Miedo de mí, de la vida, del presente y del futuro. Miedo de qué pasará, de cómo pasará y de qué vendrá.
El miedo es algo inevitable, una sensación angustiosa, desagradable, inquietante y deprimente. Pero también es algo incontrolable. Incontrolable porque cuando lo sientes es porque algo te importa, porque algo no te deja estar tranquila, porque tienes ese miedo de "y si...".
"Y si..." dichoso "y si..." ¿Y si sale bien? ¿y si sale mal? ¿Y si lo paso bien? ¿y si vuelvo a ser la más feliz del mundo? ¿Y si están jugando conmigo? ¿y si alguien se ríe de mí? ¿Y si de verdad le importo tanto a alguien como para dejar todo por mí? ¿y si nadie tiene miedo de perderme? ¿y si le importo a gente que en realidad creo que no le importo...?. Miles de preguntas nos invaden la mente día tras día.
Pero la magia del miedo es que únicamente desaparece con el paso del tiempo, con hechos, conforme se va desarrollando el día a día y hagas lo que hagas estará ahí, contigo, haciéndote esa maldita compañía en momentos de soledad, de reflexión y de pensamiento.
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