Y entonces se dio cuenta de que ya nada era como antes. Se
paró, respiró y echó la vista atrás para analizar cómo había cambiado su vida.
Su vida, esa que era increíblemente perfecta, ahora estaba destrozada. Se
encontraba sólo, no tenía nada a lo que aferrarse, únicamente a su corazón. La
única esperanza de sobrevivir a aquella vida destruida era luchar por quien
realmente le hacía feliz, por quien le hacía olvidar todos los problemas del
mundo.
Gritó con todas sus fuerzas y corrió. Corrió hasta llegar
hasta aquel lugar fúnebre y oscuro. Se arrodilló, miró al frente, leyó aquellas
letras escritas sobre mármol una y otra vez, desde principio al fin. Suspiró,
agachó la mirada y vio que la única solución a sus problemas era ir allí, con
ella. Fue entonces, cuando decidió abandonar el mundo por amor.
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