Y es que a veces me planteo para qué narices vivimos. Si no vivimos para querernos a nosotros mismos y a nuestra vida, ¿para qué narices lo hacemos? Pues se me viene una respuesta... para dar envidia, agradar a los demás, dar un ejemplo de falsa felicidad y de falsedad en sí. No me digáis que vosotros no habéis compartido todos los momentos "deluxe" de vuestra vida para que los demás os vean, porque lo hacemos pensando así.
El que esté libre de foto postureo que tire la primera piedra (como luego se dice). Y, ojo, que hablo por mí también, no basándome en los demás. Y así, vuelvo a lo mismo, con una sensación de no sé, tristeza, apatía, nostalgia, melancolía... veo en qué estamos convirtiendo el mundo. Un mundo de envidias, de quedarnos por encima de los demás, de que los demás vean de las cosas que disfrutamos (pero si el otro no puede, ¡ah, se siente!) y sobretodo de rencores.
Hace poco alguien decía que los mejores momentos no se comparten, porque no hay tiempo para compartirlos cuando estás disfrutando al máximo... y aquí queda la pregunta de reflexión... ¿en realidad disfrutamos de lo que tenemos y hacemos o disfrutamos de que los demás lo vean y sepan lo que estamos haciendo?
Sin más, buen sábado.
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