No me digas que me has echado de menos porque si no, me derrito.
Sí, no he estado aquí, quizá tampoco he estado allí, posiblemente no haya estado en ningún sitio y solo haya estado dando tumbos de acá para allá. Pero lo importante es que vuelvo, vuelvo a mis raíces, a mi lugar de origen, al lugar que tanto me ha inspirado cuando más lo he necesitado... y, posiblemente me haya ayudado más que cualquier ser que haya en este planeta.
Por mucho que se oculte, mi pasión, bueno, una de ellas, es escribir(te). Sobre todo o sobre nada, pero escribir(te). Te puedo escribir la mayor de las alegrías, pero también la mayor de las decepciones. Sea lo que fuere, cualquier cosa ha marcado mi camino en este mundo, aunque sigo reencontrándome con él y buscando mi destino. O quizá, no. Quizá lo busco pero no lo encuentre, porque el destino es eso, destino. Impredecible, inmenso, tan cercano como mañana y tan lejano como el futuro.
No me digas que me has echado de menos, porque si no, me derrito. Y si me derrito no me marcharé jamás, nunca dejaré de hacer lo que marca mi vida y mi camino. Nunca me alejaré de ti.
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