Todos necesitamos a alguien. Alguien que nos cuide, alguien que nos proteja, alguien que nos siga mirando fijamente cuando tengamos los ojos cerrados.
Alguien que nos haga temblar con solo oír su voz y que nos haga llorar con los pequeños detalles. Alguien que nos quiera cuando no nos queramos ni a nosotros mismos y que nos haga ver lo bonito que es la vida sólo porque nosotros existimos. Alguien que nos quiera no por lo que tenemos, si no por lo que en realidad somos.
Alguien que nos quiera por nuestras locuras, por nuestros gritos, por nuestros bailes bajo la lluvia. Alguien que nos ponga buena cara ante el peor de los problemas y que nos dé la suficiente confianza para saber que todo va a salir bien.
Alguien que nos quiera recién levantados, despeinados, al natural, sin tapujos, sin maquillajes, sin caretas falsas. Alguien que nos cuide cuando no queramos estar en este mundo ni saber nada de nadie. Alguien que nos haga reír con lo mínimo y que haga de una discusión, una bonita reconciliación. Alguien que nos anime cuando nos falte el aliento, que nos sonría cuando nos estamos equivocando y diga "no pasa nada".
Pero también necesitamos a alguien que nos ponga las cosas claras, que nos diga lo que está bien y lo que está mal, alguien que nos ponga los pies en la tierra y que nos haga estar en las nubes, pero ver la realidad en los momentos adecuados.
Alguien que nos regañe cuando no hagamos las cosas bien, que nos aconseje cuando el egocentrismo se apodere de nuestra cabeza, alguien que nos dé una palmada a tiempo, cuando necesitemos espabilar.
Pero sí, todos, absolutamente todos, por mucho que lo neguemos, necesitamos a alguien.
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